©2019 by DonVasiedmaack. Proudly created with Wix.com

IMG_20180115_092023 musti.jpg

DAVID MESA NOACK

Autor de 'Análisis de Modelos Económicos Exitosos'

Análisis político y económico desde una perspectiva diferente.

 
 
  • David Mesa Noack

El ciclo económico en Argentina

Actualizado: ene 17


"Designed by rawpixel.com / Freepik"

Abril, 2019


El problema actual de la dirigencia política argentina parecería ser que intentan explicar las razones por las cuales el crecimiento económico defendido por el gobierno anterior era «mentira», pero carecen de los medios precisos para defender su postura. Correspondería comenzar, si desearan intentarlo, por especificar que la inflación genera inicialmente un estímulo económico. Esto se debe a que cuando el gobierno inyecta dinero en la economía, en el muy corto plazo el beneficiado por dicho excedente aumenta su consumo. En un escenario hipotético, donde nos encontramos analizando el momento inicial del aumento generalizado de precios, el empresario, que desconoce (en el muy corto plazo) el origen del dinero, cree que existe una tendencia de la población a elegir sus productos. Esto lo llevará (en el corto plazo) a aumentar los precios. Al ver que aumentan sus ventas, probablemente contrate un mayor número de empleados. Al ver esta oportunidad, probablemente otras personas ofrezcan bienes o servicios para cubrir el aumento de la demanda y hay un impulso en la creación de empleo. La oferta va a aumentar, porque los empresarios interpretarán que su negocio está creciendo.


De esta forma, todos los meses el Estado inyecta dinero que genera imprimiéndolo, y el dinero, que ahora abunda en la economía (por lo tanto, es ahora un 5% más abundante, un 10% más abundante, un 50% más abundante) sufre una erosión de su valor de cambio respecto a las monedas extranjeras. Si esto no fuera así, —muy hipotéticamente— podríamos imprimir pesos indefinidamente y comprar todos los dólares existentes. Pero el mercado —global— no acepta esto y, para ajustar las variables, devalúa a la moneda sobreimpresa. Esta devaluación encarece (en pesos) todos los insumos intercambiados con el resto del mundo, y produce un aumento generalizado de los precios internos. Al aumentar el sacrificio económico para efectuar una compra en el mercado interno, la demanda merma y los indicios que el empresario creía que eran señales favorables del mercado hacia su producto se esfuman. La demanda se normaliza o cae. La situación vuelve a su equilibrio original y la menor demanda golpea a los nuevos oferentes que creyeron que había crecimiento económico y probablemente quiebren, ya que si no había lugar en el mercado para ellos al momento de la situación original, tampoco lo habrá ahora.


Técnicamente, la devaluación incide sobre la velocidad del dinero (M x V = Q x P donde V representa la cantidad de veces promedio que cada unidad monetaria es utilizada para realizar una compra —la velocidad transaccional del dinero—) al repercutir sobre las expectativas. Al minar el poder de compra de cada peso, nadie quiere perder poder adquisitivo y la tendencia inmediata es refugiarse en una moneda extranjera que conserve su valor. Es por esta razón que Argentina y Venezuela, a fin de extender el mayor tiempo posible la coyuntura favorable que presenta la inflación al empujar la demanda, se vieron obligadas a instrumentar cepos financieros en el mercado de divisas que aplacaran la velocidad que genera la emisión monetaria y dormir así artificialmente el intento de corrección del mercado para retornar a su punto de equilibrio.


Esta situación es opuesta al crecimiento genuino que otorga el comercio exterior a través de la exportación. Si en lugar de imprimir billetes, es una persona física o jurídica dentro del territorio la que recibe el efectivo (ya sea por una inversión o una venta) por una transacción con el exterior, entonces ese dinero es nuevo para la economía local y sí fomenta el crecimiento económico, porque no desvaloriza la moneda local, incentiva la demanda y fomenta el crecimiento genuino de la oferta. La exportación es radicalmente diferente a la emisión monetaria, en el sentido de la validez que le otorga el mercado internacional a la transacción que generó la liquidez monetaria. Es por esta convalidación que no genera inflación por expectativas.


El proceso anteriormente descripto de la inflación como incentivo de la economía contiene implícito el concepto de lag, o demora, intrínseco al descubrimiento de las fluctuaciones por parte de cada uno de los actores económicos. Esto es tan cierto al inicio, donde podemos ver una aparente reactivación, como al final, donde normalmente –si no se generan divisas genuinas- se observa una recesión. De esta forma, los gobiernos aceptan gustosos recibir el crédito por el estímulo inicial que la expansión monetaria brinda a la economía, pero se muestran reacios a admitir que posteriormente el aumento generalizado de precios absorberá dicha prosperidad inicial. Una vez iniciado este proceso es muy difícil para los dirigentes políticos frenarlo, porque usualmente conlleva un declive económico, que no es más que la economía retornando a su estado original, sobre el cual no se ha tomado ninguna medida fundamental para incentivar el crecimiento, y por lo tanto parecería que se produce una recesión. El problema para los políticos es que la inflación es puesta en marcha con facilidad, pero no puede ser frenada abruptamente.


Es por este motivo que la economía argentina padece una pobreza que castiga un tercio de la población de forma crónica: el crecimiento económico no es estructural sino efímero, dependiente de la inercia eterna del aumento generalizado de precios. La única forma de modificar esta desgracia y de erradicar la pobreza es a través del comercio integrado al resto del mundo. No es un tema a tratar en el presente artículo, pero es vital que la integración sea estratégica y se focalice en atraer empleo de alto valor agregado a través de beneficios impositivos diferenciales y facilidades en la financiación, ya que una apertura indiscriminada del comercio puede producir una crisis social severa al afectar directamente a los puestos de trabajo que padecen la fragilidad de una economía coyuntural. La clave es concentrar los esfuerzos en la creación de empleo por sobre la recaudación impositiva (retenciones, tasas, impuestos), ya que el ingreso de recursos compensará con crecer los beneficios otorgados.


Una última palabra respecto a los intentos de controles de precios: generalmente, la evidencia empírica señala que son infructíferos. El mercado intentará acomodarse de una forma u otra. La esencia de un programa de control de precios debería ser resolver un problema inmediato en el muy corto plazo, pero que requiere un estímulo de la economía dirigido a la generación de empleo orientado a la exportación para generar los recursos necesarios que fortalezcan la demanda y puedan restablecerse los precios a su punto de equilibrio. En palabras de Milton Friedman, los controles de precios:

«son como poner un ladrillo sobre una tetera hirviendo para evitar que la tapa ceda. Si, simultáneamente, la llama bajo la tetera es apagada, el ladrillo "puede prevenir" que esto ocurra. Pero si la llama se acrecentara, la presión se fortalecerá hasta que la tapa explote».

Es decir, la inflación probablemente explote si no se toman un conjunto de medidas preventivas que acompañen dicho control.




Nota: Los conceptos fundamentales del monetarismo pueden ser encontrados de forma clara, crítica y descriptiva en "Milton Friedman : a guide to his economic thought" por Butler, Eamonn (1985).

254 vistas

ACERCA DE

¿Qué convierte a un país en exitoso? ¿Qué modelo económico ofrece los mejores resultados para sus habitantes? ¿Qué características atraviesan el mundo más allá de las diferencias culturales? ¿Comparte Argentina rasgos en común con ellos? 

El autor nos invita a analizar estas preguntas desde una perspectiva más compleja, recorriendo la historia e idiosincrasia de diez modelos tan variados como sorprendentes.

 
 

CONTACTO